20 feb. 2010

Carta de Vasili a su madre. 5/08/1942

Estimada madre:
LLevamos ya una semana viajando en el tren. No hemos parado en ninguna ciudad ni pueblo hasta el momento. El vagón comienza a asfixiarnos con el edor de las improvisadas letrinas. Y es que estamos afinados, algunos soldados pasan el día entero de pie, otros no aguantan y se desmayan. El camarada encargado de traer el rancho pasa una vez al día, y no toca para todos. Es aquí donde el ser humano es capaz de sacar lo peor de si mismo: somos lo más parecido a perros disputando la comida.
En este momento puedo escribirle ya que he tenido suerte y he podido hacerme con una caja de suministros y sentarme en ella. Los soldados que me rodean están todos de pie y me miran con rabia. No se lo reprocho, pues sé por lo que están pasando y yo obraría igual.
En cualquier caso, estas pequeñas pero duras diferencias que ahora tenemos se olvidarán una vez que dejemos el tren y pisemos el campo de batalla. Aún no sabemos con certeza dónde nos dirijimos, pero todo indica que será la ciudad industrial de Stalingrado, ese ejemplo de nuestro movimiento por lo cual el camarada Stalin la eligió para que llevara su nombre.
Malditos occidentales...no acaban de darse cuenta que siempre nosotros los orientales hemos acabado con sus sueños. Ni el mismísimo Napoleón con sus bastas hordas pudo con nosotros. Aquello fue una dura lección de lo que le sucede a todo aquel que intenta usurpar nuestro territorio. Les vamos a hacer ver que la tierra soviética es territorio exclusivo de los soviéticos en nombre de la revolución. Deben estar locos si piensan que les vamos a dejar entrar aquí sin más.
No se preocupe por mi madre, he sido bien entrenado a las afueras de nuestra querida Samara. Sé dónde están los puntos débiles de las estrategias de infantería nazi, así como sé también como debilitar sus tanques. Esto acabará pronto. Si de cada ciudad soviética sale un tren tan lleno de voluntarios como éste, pronto los alemanes se darán cuenta de lo poco precabidos que han sido al enfrentarse a un ejército de las dimensiones de éste.
No se preocupe madre si no recibe cartas mías, volveré a casa, y lo haré victorioso.
Reciba un cálido abrazo de tu hijo Vasili que te quiere.
Pd: Dígale a mi querdia Natasha que volveré y construiremos esa granja que tanto anhelamos.
Salud.

8 vueltas más:

Stanley Kowalski dijo...

Duro relato sobre una parte de la historia que no hay que olvidar, para no repetirla.

BESOTES AMIGO Y BUEN FINDE!!

Isra dijo...

todo un guerrero este Vasili ;)
buen comienzo de su andadura...

espero q la próxima carta llegue antes;)

yo añadí un capítulo más de La Sonrisa de Dasha ayer, y ya son 7, espero tu opinión;)

un abrazo!!

Isra dijo...

lee bien la última frase Antoñito...

"Cierro los ojos de nuevo. Regreso al verde primaveral, vuelvo a ver a Lyuda, en mi regazo mezo a Dasha. OIGO PASOS ALEJARSE, sonrío para mí y caigo en un tibio sueño."

;)

silver´s moon dijo...

Que condiciones de viaje!! cuánto ánimo por parte de los jóvenes de ese tren. Lástima que no fueran los que decidieron esa guerra los que se pelearan como perros por un trozo de comida. Ufff dejo de escribir que me cabreo de pensarlo

Besitos y feliz finde

Elena dijo...

Aparte de lo duro, claustrofóbico.

PD.- Claro que hay hombres que quieren meterse a monjes. De hecho, lo hacen.

estoy_viva dijo...

Terrible esta historia ojala que nunca mas haya historias asi sino con solo la imaginacion
con cariño
Mari

Susurros en el silencio dijo...

Uff... qué dura y triste esta entrada... perdona que no diga más, es que estoy como atontada y sin palabras, un poco por tu historia y otro poco por el agoobio de los exámenes! jeje
Un saludo! =)

disancor dijo...

La dureza para el soldado y la crueldad de la guerra, muy bien reflejado en una carta.
Un saludo.